Realmente no sé a quien atribuirle mi ausencia, puede ser que la Luna se haya enamorado de la musa que bailaba en mis manos y se la robara para orbitar juntas, tal vez por eso tiene la Luna ese arco iris en las noches que anhelo resucitar mis dedos.
De algo estoy segura, el Sol no es culpable, el no sería capaz de evaporar mis verdades y mis mentiras, él no sería capaz de secar la cuenca del río de mis danzas líricas. Por que si todas mis emociones aún están dentro de mí y no hayan decidido marcharse con algún amante, es gracias al Sol, que en vista a mi desesperación y frustración expresiva, se encargó de incubar cada una de mis lágrimas, y cada carcajada de mi alma, las albergó mientras llegaba yo de nuevo, hasta hoy que mis manos decidieron renunciar al silencio, y otra vez amalgamarse en este romance orgiástico con el alma, la tinta y el papel.
Sí, realmente no sé a quien atribuirle mi ausencia. Es muy probable que el culpable sea uno de esos amantes con los que aún no estoy muy segura que mis emociones no se marcharon...
El mar... el amante perfecto para dejarse morir de asfixia. Ojalá hayan sido sensatas mis emociones y no hayan decidido naufragar en el agua de la costumbre. Pero me tranquiliza la memoria que me recuerda la distancia, yo aquí, el amante allá...¿ Y mis emociones? ¿Estarán conmigo o se habrán casado con el mar? No, más bien el mar viajó con nosotras, conmigo y con ellas... mis emociones.
Pero la marea tenía nauseas y desesperos fugaces, la intranquilidad impedía que mis manos se sincronizaran en un mismo espacio blanco. Hoy la marea esta calma y mis dedos decidieron volver a bailar... a zapatear sobre el teclado o desplazarse en un bolero sobre el papel.
Pero el caso no está resuelto, realmente no sé a quien atribuirle mi ausencia. Puede ser que sea necesario incriminar a otro amante... el alcohol. El alcohol ha estado en colonización continua por todos mis rincones, esparciéndose como un cáncer e inmovilizando mi alma. ¿Sería capaz el alcohol después de tantos años de fidelidad, de prepararme una emboscada de tal magnitud, arriesgando nuestra sublime y mutua dependencia?
Realmente no puedo dictar un veredicto. Además... ¿en qué corte se ha visto un juicio sin jurado? Es que realmente no sé a quien atribuirle mi ausencia, no sé si fue la Luna llena, o si el Sol me encandiló, no sé si fue algún amante, el mar o el alcohol, o si fue un agujero negro que se le escapó al universo y cayó justo en mi pecho.
Pero está bien, tiene usted razón, al fin y al cabo la verdad siempre se asoma cuando menos lo esperamos, así que yo me le adelantaré a la verdad, para decirle, señor Juez, que no hay a quien atribuirle mi ausencia, si pasé tanto tiempo sin acariciar estas páginas, fue porque no quise hacerlo, dicho esto y comprobada mi ausencia... me opongo totalmente a aceptar el divorcio con la tinta y el papel.
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