Suspiros y Catarsis es un intento de imprimir con palabras los sabores que el amor y todas sus ramificaciones han ido dejando en mi alma mientras se despliega y camina algún lugar en el mundo que habita y que ama...
jueves, 15 de julio de 2010
Tinta y callos
lunes, 28 de junio de 2010
Sinapsis (en algún momento del 2009)

Quedan pocos minutos para estrellarme contra este papel virtual,
y con esta necesidad que tengo de auto-confesarme con mi cabeza
que existe únicamente de lunes a viernes, en horario laboral.
Escribo porque la cabeza me escucha,
aunque tenga un monitor injertando al cerebro con sinapsis nerviosas.
Es impredecible la situación de mi mano
que suelta el lápiz porque la piel de un pedazo de luna le roza.
Es impredecible que escuche estas notas de sinfonía
de un compositor multidimensional
y mis pestañas no pueden más que seguir la danza de los pliegues
y las arrugas de un par de labios...
después escucho la última palabra, me despierto y me siento culpable.
Me condeno por soltar el lápiz y me sentencio por que no puedo escuchar las palabras
y me quedo bailando con las comisuras.
Ni siquiera puede dispararse aunque tiene la negación cargada.
Se aleja cada vez que habla,
porque tiene ganas de estar más cerca.
Primero se produjo una catarsis en mis muñecas
que escribieron y borraron mil veces las letras,
mis dedos que se abrazaron torpemente como en una lucha de esgrima
y después se suicidaron contra el teclado...
El funeral produjo una parálisis neuronal en mi escritorio.
De pronto vi pasar los platos del almuerzo recién lavados y desordenados sobre los papeles,
vi pasar las servilletas como parches cubriendo las manchas del escritorio,
mi cartera con las piernas abiertas mostraba sin lugar a dudas el caos que tenía en mi cabeza.
Pero ya era muy tarde para guardar las boronas,
para disimular al menos una migaja de la guerra fría de mis paráfrasis mentales.
Cuando la parálisis dejó que mis ojos se liberaran de mi escritorio
ya estaba acercándose la silla en la que colapsaría la inquisición inoportuna que me dejé caer encima.
Me torturé clavándome un par de pupilas negras en los ojos
que trataban de rebelarse contra la dictadura de mi porta-retrato.
Me torturé por que canté con la cuerda amarrada que tenía en mi cuello
y era muy fácil quitarme la silla que sostenía el orgullo de mis rodillas.
Ahora tengo la estabilidad reventada y en carne viva,
tengo el compromiso lleno de úlceras,
pero firme y fiel a las torturas extracurriculares
y con el corazón expatriado de mi propio yo.
Garabatos y vejez

martes, 8 de junio de 2010
Con la lluvia...
y mis obsesiones se empiezan a concentrar en el segundero
tengo en la mesa, en un recipiente simétrico y monocromático
todos los residuos del perfeccionismo que hoy llevó a mi almohada al estado de coma por abandono cerebral de su contraparte (Entiéndase ausencia de mi cabeza reposando sobre ella por hiperactividad cerebral, algunos le llaman insomnio).
Observo los causes que surcan mi frente y las mandíbulas expandidas.
Me llevo esta concentración al deseo incontrolable de masticar un chocolate
y después saborear con amargura la aceptación de que se acabe
y tener que aplastar entre mis dedos el único residuo de mi placer.
Me llevo los causes de mi frente a la aridez del medio día
al desierto que hace en mi estómago mientras las celdas de mis archivos
se llenan del excremento de mis neuronas.
Por fin llega la lluvia…
Y con el agua suenan mis tacones
con las huellas de mis zapatos se me desmayan las contracturas.
Se quedan los surcos de mi frente sentados al lado de la puerta de vidrio
para que la lluvia no se desborde sobre las ideas que dejé en la mesa.
Y con la lluvia se me derriten las mandíbulas
y se me extienden las comisuras de la boca
y otra vez estoy cantándole al parabrisas con los ojos cerrados
a punto de accidentar mi concentración contra la prisa…
Y con la lluvia respiro, con un poco de nostalgia
y conmigo, completamente conmigo.
Me doy un abrazo y un empujón
para empezar a correr en círculos
y dejar retazos de la piel de mis dedos
en las prisiones gigantes de arena que cuelgan del techo
donde se dibujan todos los surcos que rebusco en mi memoria
y puedo aplastarlos como aplasté el papel del chocolate,
sin tener que acabar con los residuos de mi placer
al contrario, llenando las comisuras de mi boca
y sus réplicas en mi cuerpo
con el éxtasis del sudor que me roza la sonrisa.
Y después de la lluvia vino el sudor…
Y después del sudor llega el vino
… y con el vino siempre vienen las palabras
que me llenan las neuronas de lágrimas
que caen encima de mis papeles vestidas de alegría
y a veces me saben a tristeza, y a veces me hacen reír,
a veces se derriten con las uvas fermentadas
… y a veces simplemente me hacen vivir.
lunes, 31 de mayo de 2010
En mi cabeza y en mis rodillas
No tenía que haberme divorciado del escenario
no debí renunciar a las metáforas de mis gestualidades corporales
debí haber tomado ese avión con 3 lágrimas en los ojos
y llevarme la saudade en el equipaje
con el ramito de besos que me había encontrado
y olvidarme de lo que había afuera de mí…
Hoy no tengo más poesía en mis movimientos
pero tengo atardeceres en mi piel
e imágenes sin contorno en mis renglones.
No me interesa expatriarme de mí misma
no me interesa prostituir mis ideas
no quiero acostumbrarme a sentir calor en mi espalda
para no tener que meter mis planes debajo de la alfombra
para no tener que un día levantarme con hambre y tragármelos con un vaso de leche.
Hoy tengo mis planes guardados en una botella vacía de vino
tapada con un corcho de arena
flotando en la orilla del mar de mi conciencia.
No me explico como terminé encerrada en este mapa de procesos
como me hice parte de una cajita de decisión
no recuerdo el momento en el que empecé a dejar de soñar
dejé que mis libros se cubrieran de polvo
y mi imaginación de telarañas
empecé a cuantificar el “éxito” como si se tratara de un rollo de billetes.
Se me olvidó en qué momento me lancé de cabeza
contra un desconocido que se apareció en mi duelo para enseñarme a morir
y luego dejarme vestida de espera y delirio.
…No recuerdo que arma biológica atacó las arterias de mi creatividad
de mis abrazos de aire, de mi alma de agua…
Pero sí recuerdo como volví…
recuerdo cada puesta de Sol que se fue albergando en mis pestañas
recuerdo cada sonrisa que se me escapaba cuando enterraba mis pies en la arena
la incertidumbre de no saber cuando me iba a tragar la espuma
el suspiro de alivio cuando un remolino me soltaba de su abrazo
los diálogos interminables en la cocina
la soledad de la piscina escondida y la quietud del caminito verde hacia la playa
el placer de digitar el punto final de mis palabras en el balcón
mientras el Sol se daba un baño de sal,
los escalofríos de las gotas de sudor recorriendo mi espalda
mientras a las tres de la mañana seguía vibrando la música en cada uno de mis poros.
El beso de las zapatillas rotas en mis pies… recordando a Mozart
derritiéndose en nostalgia, traslapándose de dimensión…
El placer de saber que adentro de mi cabeza todavía tengo un niño
y en mis rodillas y en mis muecas…
que aún tengo una sinfonía de carcajadas cada vez que me resbalo en los quiebres de la casa del mar
una travesura escondida en la sonrisa, una broma revoloteando en mis cejas arqueadas
… y una felicidad tan simple que juega conmigo y es la calma de mi quietud.
viernes, 28 de mayo de 2010
... recuerdos de 50 minutos
sábado, 20 de marzo de 2010
Aunque no los necesite
tengo un rincón de orgullo y apego
con raíces en cada centímetro de mi inconsciente.
Tengo un gran propósito almacenado
pero en este sótano flotan los despliegues de ego
los fuegos artificiales que estallan en mis hombros desnudos
y en mi lengua deshidratada se dibujan abrazos en perspectiva
aunque no vengan... aunque no los necesite
porque estoy llena de convencionalismos en mis dedos
en mis párpados y en mis comisuras
por eso tengo las intenciones llenas de tumores
y las determinaciones en estado de coma.