martes, 8 de junio de 2010

Con la lluvia...

Observo cómo las contracturas van ganando terreno en mi conciencia
y mis obsesiones se empiezan a concentrar en el segundero
tengo en la mesa, en un recipiente simétrico y monocromático
todos los residuos del perfeccionismo que hoy llevó a mi almohada al estado de coma por abandono cerebral de su contraparte (Entiéndase ausencia de mi cabeza reposando sobre ella por hiperactividad cerebral, algunos le llaman insomnio).

Observo los causes que surcan mi frente y las mandíbulas expandidas.
Me llevo esta concentración al deseo incontrolable de masticar un chocolate
y después saborear con amargura la aceptación de que se acabe
y tener que aplastar entre mis dedos el único residuo de mi placer.
Me llevo los causes de mi frente a la aridez del medio día
al desierto que hace en mi estómago mientras las celdas de mis archivos
se llenan del excremento de mis neuronas.

Por fin llega la lluvia…
Y con el agua suenan mis tacones
con las huellas de mis zapatos se me desmayan las contracturas.
Se quedan los surcos de mi frente sentados al lado de la puerta de vidrio
para que la lluvia no se desborde sobre las ideas que dejé en la mesa.

Y con la lluvia se me derriten las mandíbulas
y se me extienden las comisuras de la boca
y otra vez estoy cantándole al parabrisas con los ojos cerrados
a punto de accidentar mi concentración contra la prisa…
Y con la lluvia respiro, con un poco de nostalgia
y conmigo, completamente conmigo.
Me doy un abrazo y un empujón
para empezar a correr en círculos
y dejar retazos de la piel de mis dedos
en las prisiones gigantes de arena que cuelgan del techo
donde se dibujan todos los surcos que rebusco en mi memoria
y puedo aplastarlos como aplasté el papel del chocolate,
sin tener que acabar con los residuos de mi placer
al contrario, llenando las comisuras de mi boca
y sus réplicas en mi cuerpo
con el éxtasis del sudor que me roza la sonrisa.

Y después de la lluvia vino el sudor…
Y después del sudor llega el vino
… y con el vino siempre vienen las palabras
que me llenan las neuronas de lágrimas
que caen encima de mis papeles vestidas de alegría
y a veces me saben a tristeza, y a veces me hacen reír,
a veces se derriten con las uvas fermentadas
… y a veces simplemente me hacen vivir.

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