lunes, 28 de junio de 2010

Garabatos y vejez










Hoy me estoy quedando sin lluvia y con hambre
aunque está inundado el cronograma y mi estómago.
Hoy me estoy quedando sin mapa para agosto
pero tengo un barco anclado esperándome en la orilla de mi renuncia
y ya me duelen las plantas de los pies
que son adictas a la tierra mojada.
La vida no se trata de hacer sólo lo que se disfruta
sino de disfrutar lo que se hace
y llenarse de emociones y garabatos con todo lo que se disfruta,
pero si en lo que uno hace hay una sequía prolongada
ya el pincel no puede entonces deslizarse sobre la pared
y la pared se llena de vejez... y la vejez se llena de garabatos arrugados.
La vejez de los garabatos no se compara con la tierna madurez de los sabios
la vejez no es una colección de años guardados en el cabello blanco
y las arrugas no son los pliegues delicados de la piel de los ancianos
... al menos no lo son la vejez y las arrugas de las que yo hablo
... envejecer no es más que una decisión.
Los garabatos son involuntarios y sólo los dibuja el instinto,
una arruga, en cambio, es un intento de garabato demasiado elaborado
que pretende ser una sonrisa de plástico.
Envejecer es la decisión de dejar de aprender,
dejar de hacer garabatos con la intuición y llenarse la memoria de certificados caligráficos,
es quedarse sin acuarelas, sin pincel y sin pared
y pensar que la escasez significa renuncia.
Envejecer es seguir sembrando arbustos en la arcilla erosionada
y sentarse a esperar su cosecha.
Cuando yo envejezca seguramente habré decidido hipotecar el barco anclado,
probablemente estaré llenando de arrugas mis sonrisas
y no de sonrisas mis arrugas
ya no sabré dibujar garabatos sin pincel y sin pared
y estaré mientras tanto esperando las cosechas de una sequía prolongada.


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