viernes, 6 de marzo de 2015

Ni justificación ni culpables...



La Luana que aterrizó en italia es una distinta Luana a la que en este instante se encuentra sentada e inquieta en una microbus en el centro de Tel Aviv, camino a Jerusalem, cuestionando sus propios pasos. En este caso, al hablar de pasos, no hago alusión a las decisiones ni al camino, sino a la circunstancia, al asfalto debajo de las suelas de cada dirección.
La "yo misma" de hoy, se reconoce con una ansiedad expansiva y lo acepta, porque reconoce a la vez, lo insegura que se siente caminando en las calles de su país, y paradójicamente, cómoda y a salvo, en un país donde el cemento cubre la sangre derramada en sus tierras, un país que se sigue drenando en guerras y conflictos tan complejos que no sólo es difícil una posición al respecto sino que además carcomen los ríos de tristeza en la imposibilidad de visualizar una solución.
Esta persona que se refleja en la ventana a mi derecha, que se siente avasallada por tanta reconstrucción de perspectiva, de una visión que había sido construida por aquellos, que así como la "yo misma de 15 días atrás", juzgan las situaciones políticas desde las aisladas y parciales que no son más que extensiones de las conveniencias de algunos. Nos es tan fácil formarnos un juicio sobre algo que no conocemos...
Mi "yo presente" es aún incipiente para jugarse un criterio, aún con esta nueva fotografía del objeto que se juzga, aún con esta colección de testimonios, y aún  con la evidente tensión que como imanes del mismo polo, bulle en las esquinas repeliendo a unos contra otros en una gran olla de magnetismo aleatorios que no tiene justificación ni culpables.
Al final la única certeza es que todos somos responsables... Responsables de qué?
Responsables de lo que pensamos y de la intención que damos a lo que pensamos, de las palabras que generamos, como las generamos, a quien y cuando las entregamos. Y finalmente, somos responsables aún más de nuestras acciones, y no sólo del límite de la acción misma, sino además de la repercusión de su onda expansiva que en cadena crea efectos, reacciones y consecuencias. La paz empieza por tanto en el pensamiento, y en la acción de la lucha contra la guerra.

Aterrizaje arrítmico

Es el amor algo tan diferente al enamoramiento, que no habría forma posible de compararlos a un mismo nivel conceptual. Al comparar, podría uno basarse en dos elementos de la misma familia, digamos dos sistemas de métrica literaria. Pero al hablar de amor y enamoramiento sería casi como hablar de una métrica cualquiera y compararla con la poesía misma.

Enamorarse es un verbo, o inclusive un adverbio, podría usarse hasta como un adjetivo. Pero el amor en cambio, es sólo eso… amor! Podríamos decir que es un sustantivo, abstracto y omnipresente, pero eso no sería suficiente. El amor es un estado, que con sólo el hecho de ser sometido a estas palabras es desnaturalizado, pues es un estado ilimitado, en su geografía no hay espacio para el límite de las palabras. Así pues, dicho esto, concluyo que puedo escribir sobre todo lo que no es el amor, pero me es vedado el intento de lo contrario. 

El amor no es miedo, no es inseguridad, no es rechazo, no es odio, no es expectativa, no es carencia, no es violencia, no se exige, no se busca, no es renuncia ni sacrificio, no es más ni menos, no es restringido ni exclusivo, no se mide ni se cuantifica, no se explica ni se intenta, no se esfuma, no se extingue, no se acaba, no es finito, no se niega, no se esconde, no se enseña, no se sistematiza… Es quizá en su estado absoluto donde todas estas negaciones desaparecen. El vacío se convierte en el todo y viceversa, el silencio es sonido y el sonido, silencio y el corazón solo escucha sin notar la diferencia!



Me había sumergido totalmente en mis diálogos internos sobre el amor, estaba debatiendo sobre cuáles serían los factores para elegir a mi pareja cuando llegara el momento de hacerlo, si amo por igual, ni más ni menos, en todas las direcciones, indiferenciadamente hacia adentro y hacia afuera, si no es pues la cuantificación del amor que había mal aprendido en la escuela de las estructuras, patrones y roles sociales durante toda mi vida, entonces cuales serían las políticas individuales a considerar.. extasiante debate fue interrumpido por un abrupto aterrizaje que me trajo sin más opción de vuelta a la realidad. Rebotamos en el aire instantes antes de rebotar nuevamente en la pista de aterrizaje en una inclinación que parecía el pronóstico de un accidente aéreo en tierra. Por suerte no pasó de ser el aterrizaje más intenso y arrítmico de mi vida
.

Mientras esperaba que me permitieran salir de mi asiento para dirigirme por el pasillo hacia la salida, experimenté el dolor implacable de la separación en mis huesos, que crujían de tristeza y abandono, mientras cada persona que pasaba velaba por su propio objetivo e ignoraban el calor que emanaba de su propio pecho.

“Todo va salir bien, todo siempre sale bien”, me recordaba a mí misma en el instante en el que me cedió el paso un habitante de Turquía con los cabellos tan largos y escasos como las cabelleras de los árboles de Volterra en invierno, con una gran línea curva en la parte inferior de su rostro de la cual se desplegaban infinitos rayos de luz. Le sonreí, me sonrió, de esta forma nos dijimos “Gracias” y “De nada” sin usar palabra alguna. 

Como en el vuelo todas las indicaciones eran incomprensibles para mi mente racional limitada a las experiencias tridimensionales, no había entendido ni una sola palabra sobre las condiciones atmosféricas, la hora local y demás indicaciones… así que sin realmente prestar atención a lo que sucedía después del límite de mi ventana, tomé mi abrigo en brazos y desembarqué tranquilamente con apenas una camiseta y un ligero abrigo de lana. En un segundo pude comprender dos cosas: porque todos aplaudieron cuando aterrizamos y porque todos los pasajeros excepto yo habían vestido sus abrigos al salir del avión.

Estaba nevando, el piso estaba lleno de agua empozada, de hielo sobreviviente, y de nieve, y el viento soplaba tan fuerte que mi cabello se convirtió en un velo envolviendo mi rostro. Subí al autobús que nos conectaría con el aeropuerto y volví a sentir… paredes… miedo, protección, rechazo, aislamiento… separación! Porqué teníamos nosotros los humanos que separar las tierras, hacernos propietarios de cualquier cosa, limitar los recursos como si fuésemos los productores reales, controlarlo todo, conquistarlo todo, poseerlo todo? Porque teníamos nosotros los humanos que definirnos en base al poder y la conquista? Porqué teníamos que hacer más fracturas en una tierra que sólo quería sanar sus heridas? Hasta donde nos hemos separado que tenemos que pedir permiso para visitarnos… para visitar una casa, entre vecinos,entre países, entre un continente y otro?
Porqué teníamos que escribirnos en la frente  los códigos con los que creemos que entraremos en el reino de los cielos donde no entrarán los que no están codificados? Porqué habríamos de creer tal cosa?
Porqué he de ser asociada a una sola casa, a una sola tierra,  porque no puede ser el Universo entero mi hogar? Porqué me cortan las raíces que quiero extender por el resto de la Tierra? Será acaso que nos da miedo que todo esto no alcance para todos? Será acaso que nos da miedo ser tan maravillosamente perfectos como podríamos serlo y estropear la idea de ser imperfectamente pecadores y sucios por herencia inalterable?


Las preguntas siguieron brotando de mi angustia, porque me sentía sola, que no es lo mismo que en soledad…

viernes, 20 de febrero de 2015

Enamorarse...





















De pronto vino el silencio a mi boca… sueño, pausa y quietud. Tantas sensaciones llegaron mí. Le recordé de nuevo, abriendo los ojos brillantes por el Sol que se reflejaba en su rostro a través de la fría ventana. Y una vez más podía sentir su cuerpo desnudo abrazándome. Llegaba a mí un deseo casi incontrolable de besar la serenidad escondida bajo su barba, pero me topaba de nuevo con la coraza de su mirada, con una frontera que exigía una visa que yo no había adquirido. Y aún hoy cuando le recuerdo me pregunto cual podría haber sido el documento que olvidé para ser visada en el país de su beso, como podría él abrirle la puerta de su herida a una inmigrante indocumentada que además osaba secretamente instalarse cuando había susurrado que su presencia era sólo una estancia de paso.
Había tanto dolor en sus gestos como ganas de no dejar de rodearlo con mis brazos. Así que me quedaba con lo que tenía, ese pequeño espacio después de la locura, donde encajábamos perfectamente uno en el otro, ofreciéndonos un abrigo mutuo para el frío helado e inminente que tocaba todas las puertas y ventanas de la casa solitaria de la montaña.
Pero todo  era claro, yo ya lo sabía, desde la primera vez que le vi, me encontré de frente con su muralla. Era claro que tendría yo que escalar la pared de piedra cada vez que quisiera entrar a su fortaleza, así que preparé mi equipo de montaña para intentarlo. La fortaleza era hermosa, esas paredes de piedra guardaban callejuelas llenas de arte y aromas, como las ciudades medievales de la Toscana. Se dibujaban laberintos mágicos en sus pocas palabras que me transportaban a los jardines primaverales de palacios y castillos.
Él me encantaba, me cautivaba la idea de estar a su lado, aunque fuese un instante aislado. Estaba seducida por todo lo que él representaba. Casi no le conocía, pero lo conocía sin saberlo. Estaba enamorada de su boca pequeña, de su cabello despeinado, de los amaneceres en la montaña, y de nuestros zapatos rosándose al son de “El cuarto de Tula”.
Me visualicé entonces en el borde del acantilado, y estuve a un empujón del viento de arrojarme al precipicio. Comprendí en ese instante que enamorarse es un decisión. Enamorarse en ese instante o en cualquier otro momento de mi vida pasada o futura en el que me hubiese sorprendido a mí misma en esa encrucijada.
Enamorarse es el acto de crear un pensamiento, una lectura o un juicio en nuestra mente, sobre un momento. Pero no sobre cualquier momento, no cualquier lectura. Se trata de crear un pensamiento de deseo sobre una situación que genera placer. Por ejemplo, antes de enamorarse de una persona surgen pensamientos como éstos: “me siento demasiado bien con  esta persona”, o “hay demasiada química entre nosotros”, o quizá “es el hombre más atento que he conocido”. Cada uno de estos pensamientos viene precedido por un segundo pensamiento, que es el deseo, generalmente, es un pensamiento que no surge a la superficie, sino que se queda flotando en el subconsciente.
Nótese que en todos los ejemplos existe una situación de la cual genero una lectura “positiva”, una característica, una rasgo de su conducta, que en primera instancia juzgo como algo positivo, y seguidamente me hace sentir bien, protegida, querida, importante, apreciada, amada, aceptada, realizada, feliz, plena… algo que me hace sentir lo que en su totalidad me hace falta sentir por mí misma. Por otro lado, existe un deseo, un apego y una expectativa de ese deseo. Como la situación me hace sentir de una forma que me parece imposible sentirme sola, entonces lo que me genera es placer, y de esta forma desarrollo la idea de deseo sobre ese placer: quiero que se extienda, quiero tener control sobre él, poseer este deseo. Y así finalmente se empiezan a construir las expectativas sobre él.
Dicho esto, volvamos al planteamiento de que el enamoramiento surge de un pensamiento, de una idea o una lectura. Pues bien, tales cosas (pensamiento, ideas y lecturas) sólo existen en la mente como una desviación hacia el pasado o el futuro, lo cual me lleva a cuestionarme si la acción de enamorarse es real, si no pasa de ser una ilusión. Será por eso que nos sentimos ilusionados? Talvez enamorarse es ilusionarse.
Con este planteamiento no estoy denigrando lo que nos enseñan como amor de pareja, hago simplemente una incisión profunda para ver su contenido en el microscopio de la razón.
Con esto no me declaro inmune a su efecto ni levanto en rebelión contra sus expansiones. Al contrario! Yo, Luana Fara, amo estar enamorada, amo enamorarme de todo, de las personas, de las situaciones, los proyectos, los viajes, los sueños. Ahora más que nunca disfruto enamorarme porque cada vez que lo hago, puedo ver el reflejo de lo que me hace falta, el reflejo de una carencia, y me quedo allí jugando y aprendiendo con las luciérnagas en los ojos y los agujeros negros en el estómago, para después volver a mí, a mi soledad, regresar a la gran e interminable obra maestra de completarme.

lunes, 16 de febrero de 2015

Consuelo...

Aquí en el aeropuerto de Roma, con una consternación vestida de aceptación, me acepto sintiendo cantidades y calidades variadas de emociones que para este escaso depósito de definiciones no hay cabida para asignarles algo parecido a una palabra, o tan siquiera una exclamación.
Las líneas temporales en mis recuerdos se cruzan con las líneas entretejidas de las emociones y terminan siendo intersecciones de asombro en cadena.
En este lado del mundo el dinero se esfuma como el oxígeno en las esquinas donde se aglomeran los fumadores. Y como se esfuma el dinero, en forma proporcional, me descubro, yo, habitante del tercer mundo, buscando el ajuste perfecto de calidad versus pérdida de peso de mi billetera. Decido en esta situación consciente de atención, comprar unos chocolates. Me alineo en la fila para pagar con mi billete de diez euros en mano, mi pasaporte y mi boarding pass. La mujer en la caja recibe mi billete y documentos y me dice: "son cinco euros". Inmediatamente me devuelve los documentos y me dice: "Grazie mile". Yo le pregunto por los cinco euros que me debe entregar de cambio y ella me responde que ya me los dio. Rebotamos sin mucho sentido de la misma pregunta a la misma respuesta durante algunos segundos hasta que comprendí que no había nada más que hacer si no quería perder la calma, llenarme el hígado de enojo y permitirle  emerger por mis venas, regando sus aguas negras como el beso de la muerte sobre mi sonrisa.
En cuestión de segundos visualicé todas las posibilidades y la única que no me envenenaba por dentro era dejar de discutir y concentrarme en saborear la dulzura cremosa de esa tableta de placeres que me imaginaba derritiéndose y mezclándose con mi saliva, explotando sin mesura por cada milímetro de mi boca.
Así que entendí mi situación le dije: “de verdad no me lo diste, pero realmente no quiero discutir por 5 euros, grazie mile”.
-La felicidad se reconoce en los detalles más simples de la vida- recordé- Sólo se reconoce, pero es una ilusión como el reflejo de un espejo.
Y continué con mi camino llenando mi rostro de sensaciones y sonrisas tímidas que se replicaban en el consuelo de un chocolate.
(11 de febrero, 2015. Aeropuerto Fiumicino en Roma)

viernes, 13 de febrero de 2015

Soledad y yo

















Llegó a mí este pensamiento cuando en la estación del tren en Venecia, trataba de comprender, mientras bebía un delicioso capuchino para aplacar el frío del viento que bailaba con la nieve, porqué entre tantos aromas y sabores (teniendo un historial victimario de los antojos) no se asomaba en mi mente el pensamiento del hambre. Recordaba con asombro los sabores de gelattos italianos, de figuritas de marzipan, de croissant au chocolate, y de panna cota al frutti di bosco, sabores con los que me había deleitado sin control en el viaje anterior a Italia, y simplemente me era incomprensible la idea de saberme tan lejos de tan disfrutados placeres en ese instante.
Y comprendí en el siguiente trago de café de donde provenía tal actitud tan pulcra de mis pensamientos ansiosos. Había algo en mí que estaba cambiando justo en ese instante, una máscara que se caía, un acto que finalizaba. No lo comprendía muy bien aún, pero había una sensación que flotaba y se disipaba entre el vacío de mis células: Soledad.
La Soledad había estado siempre a mi lado, está siempre a mi lado, pero sin querer lo he malinterpretado todo. Se puede uno acompañar por una sombra, o por una estatua, el acto de la presencia por sí sólo no significa absolutamente nada. Que la soledad estuviese a mi lado no significaba que fuese mi amiga, y aún menos que yo lo fuese de ella. Yo lo estaba entendiendo todo mal. El hecho de reconocerla sentada en mi hombro derecho, no me ponía en situación de balance alguna, no me hacía más lejana de la crisis, del caos ni del miedo. Ella estaba ahí, y yo simplemente aceptaba su presencia, pero no le hablaba, ni la escuchaba, nunca nos sentábamos ella y yo a compartir el silencio, ni ella aprendía de mí, ni yo de ella. Éramos como esos matrimonios donde la fuerza de la costumbre es más fuerte que cualquier intento de comunicación, esos matrimonios que se sientan a ver televisión y comen en el silencio abismal de la hipnosis tecnológica. Y yo que me había prometido no casarme, ni siquiera conmigo misma, no de esa forma!
Fue en el tren hacia Florencia donde se cayó mi máscara y lo comprendí! Por vez primera mi soledad y yo nos atrevíamos a compartir algo más que el espacio, por vez primera nos permitimos reflejarnos y sentir incomodidad al vernos, y aceptarla, dejarla ser. De pronto la incomodidad perdió sus destellos y yo caí tendida en sus regazos. Lloré como el frío de un invierno siberiano, en ese espacio de saberme quién soy, y comprendí mientras me abrazaba, que por vez primera, ella, La Soledad, y yo, éramos amigas.

miércoles, 25 de junio de 2014

Surya Namaskar

Surya Namaskar
(2012, camino a India)














Inhalo y elevo los brazos al cielo
Abro todo mi ser al Universo
Y elevo una plegaria de gratitud. 
Exhalo y llevo las manos a la tierra
Me cargo con la fuerza de la tierra
Canalizo mis emociones hacia la tierra
Y me entrego al camino del Sol. 
Inhalo y miro hacia el frente
Recojo los rayos del Sol con mi espalda. 
Exhalo y salto hacia la tierra suspendida
Sostengo la fuerza y me arraigo a la Tierra
Extiendo las raíces de mis dedos hacia la energía creadora. 
Inhalo y se crea el Sol en mi pecho
Elevo los rayos de luz hacia el cielo. 
Exhalo y planto mis pies a la tierra
Fortalezco la creación expansiva en mi ser
La pulsación infinita...
Inhalo y salto hacia mis manos
Elevo mis miedos hacia el punto cero y los dejo suspendidos a la merced de la gravedad. 
Exhalo y en una reverencia me sumerjo mas allá de las fronteras angulares para honrar la energía divina que se mueve en los canales. 
Inhalo y elevo nuevamente mis brazos al cielo, dejo que el Sol se pose en mi pecho. 
Exhalo y es el atardecer

Ofrezco mi plegaria a la luz divina que se fusiona con el movimiento, con mi cuerpo y la plenitud de la respiración.

martes, 27 de agosto de 2013

La herida y el Vacío


Ayer soñé que un maestro preguntaba cual era el secreto de la unión con el todo, la Unión en la que residen el amor y la felicidad. Uno por uno los presentes fueron compartiendo sus respuestas y apreciaciones, a las que el maestro fue declinando una por una, hasta que llegó mi momento de responder. "El Vacío", me atreví a susurrar. El maestro me miró y me ofreció su silencio… A partir de ese instante, todo fue silencio en el sueño!
Hoy me desperté con un sabor de tristeza en la saliva. Asustada corrí a lavarme la cara para quitarme la resaca de ese sabor amargo y al asomarme al espejo me encontré con una niña resentida, una niña furiosa y a la vez rendida que me daba la espalda mientras abrazaba un pato de felpa. Como el agua no borraba las marcas de tristeza de mi rostro y el espejo no dejaba de reflejarme decidí cerrar los ojos para ver a través del agua.
Hay heridas que limpiamos con un pedazo de algodón empapado en olvido y las cubrimos con un trapito de indiferencia. Pero son tan profundas que a falta de oxígeno se pudren y se hacen más profundas, nos piden a gritos un poco de aire para cicatrizar pero nos da miedo su olor putrefacto, nos da vergüenza se aspecto bizarro, nos aterra el dolor de tener que remover los gusanos y limpiar los cimientos donde crecieron las raíces del dolor.
Pero ni las vendas, ni la indiferencia, ni el olvido podrán sanar la llaga… sólo podemos retirar la gasa que la cubre y con mucho cuidado empezar a lavar la herida con gotas de sal.
Ayer recibí un regalo, en forma de pregunta, una revelación que quedó flotando en mi cabeza y como una nube de lluvia se interpuso entre el Sol y la tierra de mi quietud. Las palabras se repitieron una y otra vez, se convirtieron en la melodía de mis pensamientos en el día, y en el eco de mis sueños en la noche… el compás repetía una y otra vez: "y replicas ese abandono en todas tus relaciones?". 
Ayer me caí sin darme cuenta y me dí un golpe contra una piedra sobre una herida que pensaba que ya no estaba. La herida empezó a sangrar sus recuerdos y el vendaje su fue aflojando poco a poco, hasta que tuve que retirarlo completamente y empezaron a brotar respuestas. La herida estaba en mi brazo izquierdo y se había hecho tan profunda que ya no podía sostener un abrazo. Me había acostumbrado a mantener mi brazo apoyado sobre cualquier soporte, y cada vez que el soporte fallaba volvía el dolor. Pero la venda no dejaba ver la herida y yo seguía creyendo que el problema era la ausencia del soporte y la solución era buscar uno nuevo, sabiendo siempre que cuando éste fallara regresaría el dolor. Me había olvidado de la herida y había asumido que el dolor de mi brazo era un problema del tipo de soportes que encontraba para apoyarlo. Pero ayer ya no tenía venda, y la herida estaba abierta, enseñándome como un libro la sabiduría detrás del drama. Dejé mi herida abierta el día entero y me atreví a dormir con ella sin vendaje por primera vez.
Hoy me desperté con ese sabor de tristeza en la saliva y mientras me apoyaba en el espejo pude ver como la niña detrás del reflejo se cortaba su brazo. 
Hoy me desperté escuchando el silencio del maestro y reconfortándome en su mirada compasiva. Mientras saboreaba los tragos amargos de mi saliva, se manifestó el "vacío". 
El Vacío es el secreto. El Vacío es todo, es el Universo, es la luz, somos todos. El Vacío, ese espacio infinito contenido en un átomo donde bailan pequeñas partículas que se atraen y se repelen. El Vacío es de lo que estamos llenos, el Vacío es la respuesta. Es donde danza la energía, el vacío es el mismo dentro de ti y dentro mí, es lo que mueve en el corazón la alegría, es lo que nos mantiene unidos. En el vacío se crea la ilusión de la forma, en el vacío sucede la vibración y la expansión, el vacío es lo que pulsa infinitamente. El vacío es el amor!
El Vacío llegó a mí como una respuesta. Sólo podemos aprender en el vacío; cuando la mente está llena no hay espacio para nuevo conocimiento. Sólo podemos crecer en el Vacío, cuando la memoria está llena nos convertimos en lo que hemos vivido y no podemos crear nuevas experiencias pues creemos lo que somos está definido por lo que almacenamos. Sólo en el Vacío podemos amar, cuando estamos llenos de condiciones, expectativas y miedos convertimos nuestros intentos de amor en maestrías de control, y el amor simplemente no es amor sin libertad. Sólo en el Vacío podemos sanar, cuando estamos llenos de apegos al recuerdo no es posible perdonar y perdonarnos, sólo en el vacío me libero del dolor de las heridas. 
En el Vacío me libero de los vendajes y encuentro el pedazo de vidrio que estaba incrustado en mi herida y que seguía cortando la piel, la carne y las venas. Mi brazo vacío de vendas, mi herida abierta y limpia, recibiendo el aire y la luz del día, sanando, sin soportes paliativos, sin indiferencia y sin olvido, simplemente vacía!