La Luana que aterrizó en italia es una distinta Luana a la que en este instante se encuentra sentada e inquieta en una microbus en el centro de Tel Aviv, camino a Jerusalem, cuestionando sus propios pasos. En este caso, al hablar de pasos, no hago alusión a las decisiones ni al camino, sino a la circunstancia, al asfalto debajo de las suelas de cada dirección.
La "yo misma" de hoy, se reconoce con una ansiedad expansiva y lo acepta, porque reconoce a la vez, lo insegura que se siente caminando en las calles de su país, y paradójicamente, cómoda y a salvo, en un país donde el cemento cubre la sangre derramada en sus tierras, un país que se sigue drenando en guerras y conflictos tan complejos que no sólo es difícil una posición al respecto sino que además carcomen los ríos de tristeza en la imposibilidad de visualizar una solución.
Esta persona que se refleja en la ventana a mi derecha, que se siente avasallada por tanta reconstrucción de perspectiva, de una visión que había sido construida por aquellos, que así como la "yo misma de 15 días atrás", juzgan las situaciones políticas desde las aisladas y parciales que no son más que extensiones de las conveniencias de algunos. Nos es tan fácil formarnos un juicio sobre algo que no conocemos...
Mi "yo presente" es aún incipiente para jugarse un criterio, aún con esta nueva fotografía del objeto que se juzga, aún con esta colección de testimonios, y aún con la evidente tensión que como imanes del mismo polo, bulle en las esquinas repeliendo a unos contra otros en una gran olla de magnetismo aleatorios que no tiene justificación ni culpables.
Al final la única certeza es que todos somos responsables... Responsables de qué?
Responsables de lo que pensamos y de la intención que damos a lo que pensamos, de las palabras que generamos, como las generamos, a quien y cuando las entregamos. Y finalmente, somos responsables aún más de nuestras acciones, y no sólo del límite de la acción misma, sino además de la repercusión de su onda expansiva que en cadena crea efectos, reacciones y consecuencias. La paz empieza por tanto en el pensamiento, y en la acción de la lucha contra la guerra.
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