lunes, 16 de febrero de 2015

Consuelo...

Aquí en el aeropuerto de Roma, con una consternación vestida de aceptación, me acepto sintiendo cantidades y calidades variadas de emociones que para este escaso depósito de definiciones no hay cabida para asignarles algo parecido a una palabra, o tan siquiera una exclamación.
Las líneas temporales en mis recuerdos se cruzan con las líneas entretejidas de las emociones y terminan siendo intersecciones de asombro en cadena.
En este lado del mundo el dinero se esfuma como el oxígeno en las esquinas donde se aglomeran los fumadores. Y como se esfuma el dinero, en forma proporcional, me descubro, yo, habitante del tercer mundo, buscando el ajuste perfecto de calidad versus pérdida de peso de mi billetera. Decido en esta situación consciente de atención, comprar unos chocolates. Me alineo en la fila para pagar con mi billete de diez euros en mano, mi pasaporte y mi boarding pass. La mujer en la caja recibe mi billete y documentos y me dice: "son cinco euros". Inmediatamente me devuelve los documentos y me dice: "Grazie mile". Yo le pregunto por los cinco euros que me debe entregar de cambio y ella me responde que ya me los dio. Rebotamos sin mucho sentido de la misma pregunta a la misma respuesta durante algunos segundos hasta que comprendí que no había nada más que hacer si no quería perder la calma, llenarme el hígado de enojo y permitirle  emerger por mis venas, regando sus aguas negras como el beso de la muerte sobre mi sonrisa.
En cuestión de segundos visualicé todas las posibilidades y la única que no me envenenaba por dentro era dejar de discutir y concentrarme en saborear la dulzura cremosa de esa tableta de placeres que me imaginaba derritiéndose y mezclándose con mi saliva, explotando sin mesura por cada milímetro de mi boca.
Así que entendí mi situación le dije: “de verdad no me lo diste, pero realmente no quiero discutir por 5 euros, grazie mile”.
-La felicidad se reconoce en los detalles más simples de la vida- recordé- Sólo se reconoce, pero es una ilusión como el reflejo de un espejo.
Y continué con mi camino llenando mi rostro de sensaciones y sonrisas tímidas que se replicaban en el consuelo de un chocolate.
(11 de febrero, 2015. Aeropuerto Fiumicino en Roma)

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