miércoles, 10 de noviembre de 2010

En mis almohadas

En mi casa no acostumbro invitar a desconocidos a tomar café con letras
tengo unos sillones en donde no le caben las caderas
a los pretenciosos y atrevidos expertos en palabras,
tengo un detector de charlatanes instalado en mis pensamientos
inclusive me atreví a pintar las paredes con pedacitos de insensibilidad cubiertos de estuco.
Normalmente, cuando me tropiezo en la puerta con un corazón percusionista
enciendo el equipo de sonido en su más alta frecuencia
para distorsionar cualquier arrebato de ritmo
cualquier impulso de eco, cualquier iniciativa de armonía.
Cuando apago la luz en las noches, apago mis pensamientos
y le pongo un parche a los dedos imaginarios que me acarician el cabello
contruyo un abrazo sintético con la superficie de mis almohadas
y me acurruco dentro de ese abrazo.

Tengo todo muy organizado
para no necesitar ni un solo milimetro cuadrado adicional de piel en mi periferia
para soñar con presentes en lugar de futuros
para despertarme sola sin sentir los labios vacíos.

Pero algún deslizamiento de neuronas sobrevino a mi orden dinámico
y se llevó la angostura simétrica de mis sillones
se llevó las interfases de los detectores que tenía instalados en los vértices de mi estructura
se coló como interferencia en el ruido repelente de latidos
y se me despertaron los pensamientos
y se me rebentaron las costuras de la cordura donde estaba acostada
se congelaron las cobijas y en mis almohadas se albergó un frío insolente que no invité.

Y ahora no entiendo que hago con esta copa de vino tan sedienta
que se acaba la botella de tinto cual agua derramada en la tierra.
Ando con un requerimiento integral de quitarme la máscara
pero todos los días me pongo pegamento en las orillas de mis suspiros.
Estoy empezando a sentir la manifestación del dinamismo crónico de mis dedos
que no se paran de mover sobre el teclado
como si tuvieran una sobredosis de palabras atoradas en las terminaciones.
Y ya me tomé otra copa de vino
y soy casi totalmente capaz de dejar de evitar la sobrevenida de mí misma sobre mí
casi capaz de aceptar que mis pensamientos andan de vagabundos
y que tengo las ideas llenas de piojos
y los calendarios llenos de ideas...

Ando con adicciones mediáticas a los diálogos virtuales y pensamientos in vitro generados en las meditaciones donde no fueron convocados
y tengo una resistencia de juguete y un ego de papel
creyendo salirse con la suya...

No sé ni como está la luna, ni si vinieron a visitarme las estrellas
pero mañana mismo me voy a inyectar contra el deslumbramiento
y me quedaré dormida en los brazos seductores de mis almohadas.

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