Hice un esfuerzo abismal para no olvidarme de mí
cuando estaba dentro de tu beso
estiré con un par de grapas las orillas de mi cerebro
para que no se me pegaran los pensamientos.
Me llené las pestañas de vigilia
para que no nacieran engendros de codependencia en las mutaciones de mis instintos
en los sueños color de rosa de mis descanzos.
Era inevitable despegarme de mi cuerpo
que se quedaba con olor a orgasmo y a whisky.
Me resistí a mí misma
Me resistía a ponerle atención a mis escalofríos
negué firmemente la mariposas de mi frente
para después entregarme inconciente... en la hipócrita inocencia sensible de mi piel.
Tuve que recordarme cada mañana
que la conciencia de los besos que me había encontrado estaba dormida
tuve que recordarme que el verdadero regalo era una luz fugaz que se extinguía.
Aprendí a divorciarme de la muerte de un abrazo...
Programé mis recuerdos para que cada mañana se evaporaran con el café del desayuno
hasta que un día me desperté con un par de sonrisas en los párpados
hasta que un día me desperté con un pedazo de Sol encarnado en mi esternón... y una sensación- necesidad de abrazarte...
ese día apague las luces y me salí de tu espacio-abrazo aislado...
arrojé la tinta a la tierra y arrugué las hojas en el fondo del basurero.
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