Después de restregarme los ojos un centenar de veces
y de bostezar en proporción múltiple indefinida a cada parpadeo,
observo desconcertada la taza desechable, vacía
donde guardé por unos instantes un poco de antídoto para el ocio.
Es que cuando hay sequía en mi corazón
y la mente se me despeja, se me pierde la vigilia y se entorpece la pereza.
De vez en cuando me bebo unos tragos de estupidez
para aplacar un poco la intranquilidad de mi sonrisa que está tan vacía
como el espacio que tengo en mis adicciones emocionales,
por lo que no está, por lo que iba a venir, y por lo que necesito en vano.
Termino por ser una migaja de humano
así de inconciente del tiempo y de la realidad.
Prefierí ausentarme por unos renglones
para evitar que mi alma se contagiara de política
de tu política...
y terminara yo por dejarme financiar por las botellas...
porque después llegarían como siempre los juicios y las resacas...
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