Casi 3 décadas atrás, cuando llegué, pensé que sabía respirar. Tuve muchas crisis por esta situación de autoengaño. Después de un tiempo, estaba tan segura del aire que respiraba que le vendí ramos de tabaco procesado, lo alimenté con nicotina y con los grises colores del cielo metropolitano. Después pensé que respiraría mejor si relajaba todos mis sistemas con dosis etílicas de palabras cuerdas... y tan vacías... entonces abandoné la cordura.
Cuando realmente me di cuenta que no sabía respirar, tuve que divorciarme del cigarro y amarrarme una bufanda en la ansiedad, aceptar que mi sangre es tinta y fermentada y que en mi pecho habita la locura y en mis registros se hospedan muchas catarsis y pocos recuerdos.
Llevo casi 5 años tratando de aprender a respirar... es difícil entregarse a la calma.
... Hoy sólo sé suspirar.
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