No es precisamente un contrato
es más bien un anexo al vacío
y están tan llenos mis espacios que no me caben las flores de papel.
La lluvia está en verano,
así como quien dice de vacaciones
y mi casa está tan llena de mí
que no se puede transitar.
Hace mucho tiempo que no tengo Sol, ni Luna
ni estrellas, ni escenarios...
y sinceramente, me hacen falta.
Las sonrisas siempre renuncian cuando firmo contratos.
No sé porque me amarro estos zapatos
si me gusta andar descalza
y mañana probablemente me prive de nuevo del frío de la madera
y me atiborre de nicotina
para sentir náuseas en los pensamientos.
Tuve que abandonar mi surtidor de abrazos
y aceptarme sola.
Tengo que meterme un litro de alcohol en la boca
para no gritar improperios en los micrófonos.
Es cierto que tengo bienvenidas en mi cama
conmigo y con todos y todas
y con los que niego y con los que aplasto,
pero ya ni yo existo en mis sábanas
porque ya no estoy ahí,.
No quiero enfermarme de coherencia,
aunque tengo el ceño fruncido
y me duele la cabeza.
Me encantan las flores de colores
me encanta la sensación de vacío que deja el whisky en el cielo de la boca,
y el sabor de la intriga
cuando la cabeza se me hace baraja.
La bailarina de blanco se hace pequeña y su vestido se hace más largo
los minutos de ocio se hacen más exclusivos
cuando el reloj me acompaña y no me pauta.
No tengo nada que recuperar
todo está conmigo
...y yo estoy aquí también.
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