domingo, 9 de agosto de 2009

Suspiro colisionado


Yo le dije que se quedara tranquilo
que guardara el vuelo para un aeropuerto futurista,
que se quitara las alas porque estamos en primavera,
que hibernara mientras llegara el invierno.
Yo le pregunté si quería algunos parches para tapar los agujeros,
y como no hubo respuesta alguna,
le obsequié los más finos licores las noches más ruidosas
y las palabras más artificiales...
Pero no desaparecían los agujeros.
Le aconsejé que se arropara bien
con su frazada de alambres
no vaya ser que al corcho en un ataque de claustrofobia,
se le ocurra despegar...
No vaya ser que en una muestra de su propulsión aerodinámica
se divorcie de la botella de champagne.
Pero no había cobijas con hilos de metal
Qué más podría decirle para que dejara de llorar?
Al fin y al cabo ya la necrosis rondaba sus estaciones.
Siempre ha sido terco
justo cuando debía estar en su cueva de roca fría
salió el Sol a derretir sus glaciares.
Y entre tanta agua,
ya sin su tapa de corcho que le hiciera flotar
y sin sus finos licores
que le anestesiaran mientras llegaba la asfixia,
se puso las alas y salió volando, como el corcho
directo hacia el Sol,
al mismo tiempo
que la Luna en busca de un eclipse le daba un abrazo.

Por supuesto, colisionaron los tres,
la Luna, el Sol y él.
Y qué puedo decir de él?
Qué puedo hacer contra tanta independencia y terquedad?
Si al fin y al cabo,
él... el corazón
siempre hace lo que le da la gana.

Catarsis corta del vino escondido

Tengo una revolución de escalofríos en mi cabeza
y ando con la cordura en silla de ruedas.
Y estoy jugando policías y ladrones con la botella
y a las escondidas con el vino
estoy ganando y estoy perdiendo...
ganando por que ya encarcelé el vino en las copas
y perdiendo porque se escondió adentro mío y no lo encuentro.

Suspiro sin arrugas

Me estás dejando las pupilas en carne viva,
y así es imposible cerrar los ojos,
se me están desnudando las emociones
y están perturbando el fluir de las avenidas
tan acostumbradas a los trajes enteros
y los parches de plástico en los ojos.
Acabo de sufrir un infarto en mi escenario de mujer madura y desapegada,
de la fulana de tal que no se involucra.
Me estoy evaporando con mi tabaco
y la canción que te escribí tiene cada vez más palabras perdidas
que no encontraron ni el renglón ni el acorde.
Tengo un pedazo de cama blanco y sin arrugas
que me grita que te extraña y ni siquiera te conoce
... y quiere llenarse de arrugas.
Yo sólo quiero un momento de luz en mi boca... y volver a amanecer con vos.

Catarsis en un rincón de Le Petit Paris (2006)



No es precisamente un contrato
es más bien un anexo al vacío
y están tan llenos mis espacios que no me caben las flores de papel.

La lluvia está en verano,
así como quien dice de vacaciones
y mi casa está tan llena de mí
que no se puede transitar.

Hace mucho tiempo que no tengo Sol, ni Luna
ni estrellas, ni escenarios...
y sinceramente, me hacen falta.
Las sonrisas siempre renuncian cuando firmo contratos.

No sé porque me amarro estos zapatos
si me gusta andar descalza
y mañana probablemente me prive de nuevo del frío de la madera
y me atiborre de nicotina
para sentir náuseas en los pensamientos.
Tuve que abandonar mi surtidor de abrazos
y aceptarme sola.
Tengo que meterme un litro de alcohol en la boca
para no gritar improperios en los micrófonos.

Es cierto que tengo bienvenidas en mi cama
conmigo y con todos y todas
y con los que niego y con los que aplasto,
pero ya ni yo existo en mis sábanas
porque ya no estoy ahí,.

No quiero enfermarme de coherencia,
aunque tengo el ceño fruncido
y me duele la cabeza.

Me encantan las flores de colores
me encanta la sensación de vacío que deja el whisky en el cielo de la boca,
y el sabor de la intriga
cuando la cabeza se me hace baraja.

La bailarina de blanco se hace pequeña y su vestido se hace más largo
los minutos de ocio se hacen más exclusivos
cuando el reloj me acompaña y no me pauta.

No tengo nada que recuperar
todo está conmigo
...y yo estoy aquí también.

Respiro...



Casi 3 décadas atrás, cuando llegué, pensé que sabía respirar. Tuve muchas crisis por esta situación de autoengaño. Después de un tiempo, estaba tan segura del aire que respiraba que le vendí ramos de tabaco procesado, lo alimenté con nicotina y con los grises colores del cielo metropolitano. Después pensé que respiraría mejor si relajaba todos mis sistemas con dosis etílicas de palabras cuerdas... y tan vacías... entonces abandoné la cordura.
Cuando realmente me di cuenta que no sabía respirar, tuve que divorciarme del cigarro y amarrarme una bufanda en la ansiedad, aceptar que mi sangre es tinta y fermentada y que en mi pecho habita la locura y en mis registros se hospedan muchas catarsis y pocos recuerdos.
Llevo casi 5 años tratando de aprender a respirar... es difícil entregarse a la calma.
... Hoy sólo sé suspirar.