viernes, 8 de julio de 2011

Cambiarse los anteojos

A veces hay que extraerse del mundo

especialmente cuando pasan tantos días sin que salga el Sol

solo para darse cuenta que hay lugares en el mundo donde no se mendigan sonrisas en la calle

donde no te urge llegar a ningún lugar

porque donde sea que estés... estás a donde tienes que estar,

donde los abrazos te caen sobre el cuerpo con la lluvia

y en cada segundo hay un motivo para dejar de arrugar la frente.


Pero en estos días no he podido extraerme de todos los días

y parece que ha pasado 1 año sin que salga el Sol

un año en el que sólo sonrío cuando tengo llena la copa

aunque al día siguiente no lo recuerde.


Y otra vez con nostalgia de las botas y el bastón del caballero que camina

y con las hormonas en la punta de la botella

y con la boca teñida de whisky

y con las letras vestidas de duelo

con el aliento bajo el sol de medio día

con las botellas vacías

con el vicio a flor de piel

con las luces de mis ojos apagadas

tratando de arrancarme de raíz cada tulipán

antes de que se le marchiten los buenos modales.


Andaba con una adicción a estar lejos de mí

aunque estuviese encerrada conmigo dentro de 4 paredes

andaba dejando copas vacías por toda la casa

copas teñidas de tinto

andaba buscando traguitos virtuales

que sabiéndose amargos aún se digerían.


No puedo abrir la puerta de esta casa que creo que ya ni es mía

porque cada vez que la abro me roban las cobijas

y me dejan el techo lleno de goteras

por donde me filtro y me evaporo,

y sin cobijas y con goteras

esta casa ya es muy fría

y esta confianza deja de ser honesta…


Tengo casi 2 años de andar por ahí,

llenándome de recuerdos que no puedo recordar

llenándome de vino, cerveza y ron

nadando en un gran olvido con sabor a whisky

haciendo de cuenta que no estoy cansada de todo

haciendo de cuenta que aún puedo seguir abriendo y cerrando la puerta

como si a este corazón no se le oxidaran las cerraduras

como si pudiese de verdad hacer que no me importe…

Confieso que no lo logré

reconozco que soy una farsante en este comedia

y que ya se acabó la obra en la que acabo de renunciar

pensaba que era divertido este personaje

pero acabo de darme cuenta que ya no quiero volver al escenario

y que se me pudrió el piso del teatro.


Ahora sólo puedo caminar en la arena… y descalza!

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