lunes, 31 de mayo de 2010

En mi cabeza y en mis rodillas


No tenía que haberme divorciado del escenario
no debí renunciar a las metáforas de mis gestualidades corporales
debí haber tomado ese avión con 3 lágrimas en los ojos
y llevarme la saudade en el equipaje
con el ramito de besos que me había encontrado
y olvidarme de lo que había afuera de mí…

Hoy no tengo más poesía en mis movimientos
pero tengo atardeceres en mi piel
e imágenes sin contorno en mis renglones.
No me interesa expatriarme de mí misma
no me interesa prostituir mis ideas
no quiero acostumbrarme a sentir calor en mi espalda
para no tener que meter mis planes debajo de la alfombra
para no tener que un día levantarme con hambre y tragármelos con un vaso de leche.

Hoy tengo mis planes guardados en una botella vacía de vino
tapada con un corcho de arena
flotando en la orilla del mar de mi conciencia.

No me explico como terminé encerrada en este mapa de procesos
como me hice parte de una cajita de decisión
no recuerdo el momento en el que empecé a dejar de soñar
dejé que mis libros se cubrieran de polvo
y mi imaginación de telarañas
empecé a cuantificar el “éxito” como si se tratara de un rollo de billetes.
Se me olvidó en qué momento me lancé de cabeza
contra un desconocido que se apareció en mi duelo para enseñarme a morir
y luego dejarme vestida de espera y delirio.
…No recuerdo que arma biológica atacó las arterias de mi creatividad
de mis abrazos de aire, de mi alma de agua…

Pero sí recuerdo como volví…
recuerdo cada puesta de Sol que se fue albergando en mis pestañas
recuerdo cada sonrisa que se me escapaba cuando enterraba mis pies en la arena
la incertidumbre de no saber cuando me iba a tragar la espuma
el suspiro de alivio cuando un remolino me soltaba de su abrazo
los diálogos interminables en la cocina
la soledad de la piscina escondida y la quietud del caminito verde hacia la playa
el placer de digitar el punto final de mis palabras en el balcón
mientras el Sol se daba un baño de sal,
los escalofríos de las gotas de sudor recorriendo mi espalda
mientras a las tres de la mañana seguía vibrando la música en cada uno de mis poros.

El beso de las zapatillas rotas en mis pies… recordando a Mozart
derritiéndose en nostalgia, traslapándose de dimensión…
El placer de saber que adentro de mi cabeza todavía tengo un niño
y en mis rodillas y en mis muecas…
que aún tengo una sinfonía de carcajadas cada vez que me resbalo en los quiebres de la casa del mar
una travesura escondida en la sonrisa, una broma revoloteando en mis cejas arqueadas
… y una felicidad tan simple que juega conmigo y es la calma de mi quietud.


viernes, 28 de mayo de 2010

... recuerdos de 50 minutos

Tengo los huesos herrumbrados de tanta sal
y ando la voluntad arrugada de tanto sonreír...
Tengo mil explicaciones guardadas en el fondo de la botella
pero prefiero dejarlas que se derritan con el hielo
y sólo embriagarme con esta sensación de no necesitar nada
sonrío cuando veo en el camino el atardecer que se asoma por entre las comisuras de los árboles
sonrío cuando canto en la carretera
a pesar de que haya un enjambre de abejas furiosas atacándose entre sí
tratando todas de llegar primero sin siquiera percatarse de la belleza en los ojos de las otras
no me interesa el abrazo filoso de los que sólo necesitan algo de mí
no quiero ser parte de la política de las sonrisas de cemento
ni quiero quedarme con las ideas guardadas en una caja de fósforos
o en un corcho cosecha 98, de la reserva de la costumbre
... este montón de luces que me hacen reír como 200 uvas fermentadas
son parte de cada respiro en mis días
y vivo con ansiedad el minuto que habito
y espero con calma el segundo que está tocando la puerta...
Aunque a veces salga corriendo a abrirla antes de que llegue...