... y la cama y los pasos.
Tenemos un código de ADN en todas las decisiones
y un pedazo de esperanza en cada beso.
Una organización sin fines de lucro para acumular costumbres
para producir deseos y sentirnos completas al realizarlos.
Estamos condenadas a dormirnos con cara de idiotas
esperando encontrar un complemento
para sentirnos enteramente mujeres.
Tenemos un segundero implícito en cada día del calendario
y un recordatorio de los objetivos que nos compraron junto con las muñecas y los vestidos
un recordatorio de que la soledad no hace parte del plan
una prioridad mal posicionada delante del cronograma
un delantal guardado en la cajita de recuerdos para el futuro
una postergación de autoestima y un despilfarro de sueños.
Tenemos un olvido propio codificado en cada mariposa que se atreve a volar en nuestro estómago
y una maldición cronológica de destemporalidad en cada sincronización del alma.
En un recuento de todas mis páginas hay un registro de cada una de estas líneas...
Y por eso me vomito encima del teclado... y en los baños de todos los bares
y se destapa el drenaje de los paradigmas que acomodé en el armario de mi subconsciente.
Me rehuso a casarme con estas predeterminaciones mentales y sociales
me rehuso a divorciarme de mí
me rehuso a seguir aceptando condiciones que no son las mías
me declaro alérgica a las convicciones sociales
a los orgasmos quincenales y a los sarcasmos sexuales
me declaro intolerante a los cobardes y a los insensibles
y sobre todo me declaro alérgica a mis lágrimas y a mis autocompasiones
este rincón de mi sofá, estos renglones, esta cerveza, esta copa de vino y este cigarro
sólo eso necesito para seguir escribiendo y regalarme continentes enteros de carcajadas para dormir en calma... y conmigo!